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- Fiestas propias -
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Presentación de la
SANTÍSIMA VIRGEN
en el Templo,
21 de Noviembre
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La Presentación de la Virgen en el Templo, tal como la recuerda la
tradición, fue una fiesta muy querida para san Pablo de la Cruz. Le recordaba su propia consagración a Dios en orden a fundar la congregación Pasionista. Quiso también que la primera casa de la congregación, erigida en el monte Argentaro, lo mismo que el primer monasterio de monjas Pasionistas, fundado en Tarquinia, estuvieran bajo la advocación de la Presentación de María.
La misa celebra el misericordioso designio por el que Dios hizo a la
Virgen María, su humilde esclava, madre de Cristo y asociada a él: «aceptando la palabra divina fue hecha madre de Jesús y, abrazando la voluntad salvadora de Dios, se consagró totalmente, a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redención» (LG 56). En íntima conexión con las enseñanzas del evangelio, la misa celebra, también a María, la humilde esclava, elevada a la dignidad real: a la que «sirvió mucho a Cristo» (Pf), Dios Padre la ha honrado mucho (Ct. Pf, Jn 12, 26). |
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2.- ORACIÓN COLECTA
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Oh Dios,
que elegiste a la bienaventurada Virgen María, tu fiel esclava,
y la hiciste madre de tu Hijo,
concédenos, por su intercesión y ejemplo,
vivir nuestra total servidumbre para que, llenos de tu amor,
comuniquemos a los hermanos las maravillas de tu caridad.
Por nuestro Señor Jesucristo. AMÉN
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PRIMERA LECTURA: 1 sAMUEL 3, 1-10
En aquellos días, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La
palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver.
Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el
templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
- «Aquí estoy».
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».
Respondió Elí:
- «No te he llamado; vuelve a acostarte».
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel.
Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».
Respondió Elí:
- «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte».
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la
palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo
a Samuel:
- «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor,
que tu siervo te escucha"».
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó
como antes:
- «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió:
- «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
Salmo responsorial: Lc 1, 46-55
R/. El Señor ha mirado la humillación de su esclava
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. R./
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R./
Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R./
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R./
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R./
Aleluya
"Dichosa eres, Virgen María, que te proclamaste esclava del Señor;
ahora, glorificada sobre los coros de los ángeles, la Iglesia te saluda como Reina del cielo"
.
EVANGELIO: Lucas 1, 26-38
"Aquí está la esclava del Señor"
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una
ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
- «¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era
aquél. El ángel le dijo:
- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?».
El ángel le contestó:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te
cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».
María contestó:
- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y la dejó el ángel.
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Admirando la generosa disponibilidad de la Virgen María y su
cooperación en la obra de la redención, y teniéndola por intercesora, oremos, hermanos, con confianza al Señor.
1.- Por la Iglesia santa de Dios, de la cual María es espejo y figura,
para que como Ella, resplandezca en santidad y justicia para la salvación del mundo. ROGUEMOS AL SEÑOR
2.- Por todos los que sufren, por los que padecen enfermedad, hambre,
soledad y abandono, para que sientan la eficaz protección de María, y por Ella, obtengan el oportuno remedio a sus males. ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Por todas las mujeres, para que sepan descubrir en María el
modelo y ejemplo de realización femenina y consigan, así, cumplir plenamente su respectiva misión o servicio en la sociedad. ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Por todos los religiosos y religiosas, que han consagrado su vida
en el seguimiento radical de Jesucristo, para que tengan en María, madre de la vida religiosa, un modelo, un estímulo y una ayuda eficaz. ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Por todos los que honramos a la Virgen María en su Presentación,
para que imitando su entrega y compromiso de fidelidad al Señor, seamos capaces, con nuestra vida y apostolado de testimoniar el evangelio de Jesucristo. ROGUEMOS AL SEÑOR
ORACIÓN: Oh Dios, que llenaste de gracia y bendición a la
Virgen María, para que con su plenitud nos enriqueciéramos también nosotros, acoge las plegarias que por su intercesión te hemos presentado. Por Jesucristo nuestro Señor. |
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5.- ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
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Recibe, Padre santo, las ofrendas y los dones
que te presentamos en conmemoración de santa María,
la esclava dócil dedicada enteramente a tu servicio,
y concédenos ofrecernos nosotros mismos
como ofrenda agradable a tus ojos.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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7.- ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
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Alimentados con esta Eucaristía
te pedimos, Señor, Dios nuestro,
que, imitando siempre a la Virgen María,
nos dediquemos al servicio de la Iglesia
y experimentemos la alegría de esta entrega.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.
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PRIMERA LECTURA: 1 Samuel 3, 1-10
"... El Señor se presentó y le llamó como antes: Samuel, Samuel!
Él respondió: Habla, Señor, que tu siervo escucha. Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor..."
CLAVES para la LECTURA
- Samuel había sido entregado al Señor para el servicio del templo. En
éste había permanecido durante años en silencio, conocido sólo por Dios. Ahora le llama el Señor. ¿Para qué le llama el Señor? En la vocación de Samuel podemos intuir de inmediato el estilo de la llamada de Dios. Llama a cada uno por su nombre: «¡Samuel, Samuel!». Esto significa que su llamada es siempre una llamada personal y no anónima; que es una llamada original dirigida a cada uno; que quien nos llama nos conoce por medio de un verdadero conocimiento de amor. Sin embargo, Samuel no está en condiciones de conocer de inmediato la voz de Dios. Si bien, por una parte, afloran objetivamente dificultades para reconocer la voz de Dios (su trascendencia y su carácter imprevisible), meditando el pasaje podemos descubrir en él, no obstante, la paciente pedagogía de Dios encaminada a insertarse en el corazón del hombre. Dios se adapta; llama de manera gradual; le da tiempo al hombre; le renueva su llamada.
- Samuel recibe la llamada por primera, por segunda, por tercera vez...
En este punto intervienen los intermediarios que pueden servir para ayudar a la voz del Dios que llama; en el caso de Samuel, es el anciano sacerdote Elí, que con su sensatez le sugiere al joven Samuel cómo debe comportarse (v. 9).
- Esto nos hace ver que en la llamada interviene, casi
estructuralmente, la presencia de mediaciones humanas; a menudo resulta indispensable la ayuda de alguien para salir de la duda, de la inseguridad. Pero eso no es todo: hemos de subrayar la absoluta disponibilidad de Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (vv. 9ss). Sólo una atenta vigilancia y disponibilidad para «no dejar escapar vacía ni una sola de sus palabras» puede llevar al llamado, antes o después, a reconocer la voz de Dios, a acogerla y a dejarse guiar por ella.
CLAVES para la VIDA.
- ¡Hermosa página de llamada y respuesta! Dios que llama y el
hombre que responde. Y siempre de cara a una misión específica y, siempre también, a favor de la humanidad. Éste es el proyecto de Dios: quiere y busca el bien de su pueblo y de la humanidad. Este relato es una muestra más de esa historia de salvación y de vida. Nada ni nadie podrá evitar ese actuar de Dios que lleva adelante su proyecto con medios pobres.
- Porque Samuel no es más que un niño, pero Dios se fija en él; Elí no
es más que un anciano y su mediación es importante porque abre los ojos y el corazón de joven Samuel y le prepara a la disponibilidad plena al servicio de los planes de Dios. Las mediaciones humanas son queridas y buscadas por Dios como camino válido para llevar a cabo su proyecto.
- "Habla, Señor, que tu siervo escucha": es la gran propuesta del
texto bíblico, hoy, para mí, para nosotros. Aceptar su llamada y vivirla; pero, al mismo tiempo, ser mediación humana para que otras personas también puedan percibir, escuchar y acoger esa llamada... una DOBLE TAREA para nuestro caminar de creyentes y evangelizadores. ¡Casi nada...! Pero Dios así escribe la historia personal de cada uno. Eso sí: siempre en favor de la humanidad, de los hermanos. ¿Vale...?
EVANGELIO: Lucas 1, 26-38
"El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María... Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres... No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús... El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del altísimo de cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios... Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra"
CLAVES para la LECTURA
- La narración de la anunciación del ángel Gabriel a la virgen María
constituye la aurora del mayor acontecimiento que la historia humana haya visto jamás: la encarnación del Hijo de Dios. El texto bíblico es rico en reminiscencias veterotestamentarias y de gran valor doctrinal: se trata nada menos que del cumplimiento de las promesas hechas por Dios a los patriarcas y renovadas a David (2 Sm 7, 14. 16; 1 Cr 17, 12-14; Is 7, 10-14) y contiene una profunda teología del misterio de Cristo. De hecho Jesús aparece como rey e hijo de David («El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre»: vv. 32-33) y a la vez como santo e hijo de Dios («Será grande, se llamará Hijo del Altísimo»: v. 32).
- Las palabras del ángel a María, además de ser un anuncio de gozo
por la venida del Mesías a la tierra, constituyen el testimonio de la amorosa predilección de Dios con la humilde joven de Nazaret que como esclava del Señor, ha merecido ser Madre de Dios por su fe incondicional.
- La confirmación de la intervención celeste, por obra del Espíritu
Santo, en su condición virginal, abre el corazón de María a la voluntad de Dios y a adherirse plenamente al proyecto universal de salvación con las sencillas palabras que han cambiado la historia humana: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (v 38). El sí de María franquea el camino de nuestra salvación y es una invitación a leer en los acontecimientos de nuestra vida la presencia del que es nuestro Salvador.
CLAVES para la VIDA
- En esta escena descubrimos, en toda su fuerza, por un lado el "sí"
salvador de Dios y por otro la humanidad, representada por María, que responde con su "sí" de acogida: "hágase en mí según tu palabra". Del encuentro de estos dos síes, brota, por obra del Espíritu, el Salvador Jesús, el verdadero Dios-con-nosotros. Entra en escena el nuevo Adán, cabeza de esa nueva humanidad. Y a su lado aparece, con un "sí" en los labios, en contraste con la primera, la nueva Eva. Así lo ha leído y vivido la tradición cristiana.
- María una humilde muchacha de Nazaret, es la elegida por Dios para
ser la madre del Esperado. Ella es la "llena de gracia", "la bendita entre las mujeres"; y empieza a dibujarse así, en las páginas del evangelio, el mejor retrato de esta mujer, cuya actitud de disponibilidad para con Dios ("hágase en mí"), no será sólo de este momento, sino de toda la vida, incluida su presencia dramática al pie de la Cruz.
- María aparece ya desde ahora como la mejor muestra de vida
cristiana. El más acabado modelo de todos lo que a lo largo de los siglos habían dicho "sí" a Dios ya en el Antiguo Testamento y, sobre todo, de los que han creído en Cristo Jesús y le han seguido. Contemplarla y seguir su estilo y actitudes es la invitación que recibimos toda la Familia Pasionista en esta fiesta de la Presentación de María. |
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6.- PREFACIO
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"La Bienaventurada Virgen, Esclava del Señor,
sirvió al misterio de la Redención"
V./ El Señor esté con vosotros.
R./ Y con tu espíritu.
V./ Levantemos el corazón.
R./ Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V./ Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R./ Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque te has complacido de modo singular en la bienaventurada
Virgen María. Ella, abrazando tu voluntad salvífica, se consagró por entero a la obra de tu Hijo, como un servicio fiel a la redención del hombre. A quien sirvió mucho a Cristo, mucho la has honrado; y has ensalzado como Reina junto a tu Hijo, a quien se proclamó tu humilde esclava y, sierva del amor, intercede por nosotros.
Por eso, con todos los ángeles y los santos, te alabamos, proclamando
sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
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