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PRIMERA LECTURA: 1ª Coríntios 1, 10-13. 17-18
Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo:
poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir.
Hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre
vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».
¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros?
¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo? Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación -para nosotros- es fuerza de Dios.
Salmo responsorial: Sal 123, 2-5. 7b-8
R/. Reúne, Señor, a tu pueblo errante.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R./
Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R./
Convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes. R./
Aleluya
Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, para que el
mundo crea que me has enviado.
Jn 17, 21
EVANGELIO: Juan 17, 18-26
"Que sean uno en nosotros"
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
- «Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al
mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.
Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean
en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno,
como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo
donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y
éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos». |
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- Fiestas propias -
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Beato DOMINGO BARBERI,
presbitero
26 de agosto
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Domingo Barberi, apellidado en religión «de la Madre de Dios»,
nació en 1792 cerca de Viterbo. Fue a la edad de 22 años cuando, por frecuentes llamadas interiores, comprendió que Dios le invitaba al apostolado. Dejando entonces el cultivo de los campos, ingresó en la Congregación pasionista, donde reveló extraordinarias cualidades de mente y corazón. Ordenado sacerdote, se entregó a la enseñanza, al ministerio de la palabra, a la dirección de las almas y a la composición de numerosos escritos sobre materias de filosofía, teología y predicación. Imbuido del espíritu de san Pablo de la Cruz se preocupó particularmente por el retorno de Inglaterra a la unidad de la Iglesia. Fundador de los pasionistas en Bélgica en 1840, llegó a Inglaterra en 1842. Allí se entregó, con toda su alma, al apostolado para el cual Dios le había escogido. Tuvo el consuelo de recibir en la Iglesia católica a no pocos anglicanos, entre los cuales el más ilustre fue el Cardenal Juan Enrique Newman. Murió en Reading el 27 de agosto de 1849. Su sepulcro se venera en Sutton, Saint Helens, como meta de peregrinaciones del pueblo inglés. |
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Oh Dios,
que elegiste al beato Domingo de la Madre de Dios
como ministro de tu amor salvífico
y apóstol de la unidad de todos los creyentes en Cristo,
haznos dóciles a la acción del Espíritu Santo
y constructores de la unidad de la Iglesia,
para que el mundo crea en el Cristo que nos enviaste,
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina contigo
Por los siglos de los siglos. AMÉN.
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2.- ORACIÓN COLECTA
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Oremos, hermanos, por intercesión del beato Domingo Barberi,
al Señor, Dios de todo consuelo, y pidámosle que escuche las oraciones de sus hijos que sufren a causa de las divisiones de la Iglesia:
1.- Para que los cristianos de todas las confesiones consigamos la
plena comunión en Cristo, nuestro único Señor, Roguemos al Señor.
2.- Para que Dios, que creó al hombre a su imagen y semejanza,
destruya todas las murallas que dividen y separan a los hombres, los pueblos y las razas, Roguemos al Señor.
3.- Para que el Señor alivie los dolores de los que sufren en el cuerpo
o en el espíritu y les dé fuerza para no desfallecer en la tribulación, Roguemos al Señor.
4.- Para que toda la familia Pasionista, fiel al ejemplo y a las
enseñanzas de san Pablo de la Cruz, tenga siempre presente en sus actividades apostólicas el trabajo ecuménico, Roguemos al Señor.
5.- Para que nosotros vivamos siempre más atentos a la Palabra de
Dios y la sigamos con mayor fidelidad, Roguemos al Señor.
ORACIÓN: Extiende, Señor, tu mano poderosa sobre tus fieles y haz
que, imitando los ejemplos del beato Domingo, nos unamos a ti de todo corazón, y alcancemos los bienes de la unidad que confiadamente te pedimos. Por Jesucristo nuestro Señor. |
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Que te ofrezcan, Señor, todos los pueblos,
este sacrificio de paz en la unidad de la fe,
animados por aquella caridad
en que se mantuvo ardorosamente encendido
el beato Domingo de la Madre de Dios,
por ti escogido como apóstol de la unidad.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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5.- ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
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Alimentados en la mesa de la unidad y de la paz,
te pedimos, Señor,
por intercesión del beato Domingo de la Madre de Dios,
que cuantos están en el error,
vuelvan a la unidad de la Iglesia,
y, desarraigada toda división entre los cristianos,
se forme un solo rebaño bajo un solo pastor.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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6.- ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
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PRIMERA LECTURA: 1 Coríntios 1, 10-13. 17-18
"... Os ruego en nombre de nuestro señor Jesucristo: poneos de
acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir... ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.."
CLAVES para la LECTURA
- Pablo exhorta a la unidad porque la ve amenazada (v. 10). Después
pasa a exponer la situación, tal como la conoce por algunos empleados de la familia de Cloe: en la comunidad han surgido varios grupos religiosos que están minando la comunión (vv. 11ss). Y a continuación expone el pensamiento teológico dominante: Cristo es el único que congrega, en cuanto que sólo él ha dado la vida por los hombres (v. 13). El discurso se enlaza con el v. 17, donde Pablo refiere que su ministerio es principalmente el de la Palabra, y no un anuncio cualquiera, sino esencial: presentar a Cristo crucificado.
- El tono de Pablo es pesaroso («os ruego»: v. 10) porque la
comunión está seriamente amenazada por una comunidad pendenciera, lacerada por cuatro grupos: el de Pablo, el de Apolo, el de Pedro y el de Cristo (v. 12). No es que estas personas hayan creado la división; se trata de la utilización instrumental de su nombre por parte de algunos cristianos de Corinto. La intervención del apóstol es seria, sin llegar a ser áspera. Se dirige a los «hermanos» y los exhorta «en el nombre de nuestro Señor Jesucristo» (v. 10). Pablo reivindica su misión de apóstol del Evangelio. Lo dice con fuerza, refiriéndose al mismo Cristo: «Cristo no me ha enviado a bautizar; sino a evangelizar» [=anunciar el Evangelio]. Pablo apunta directamente a Cristo: de él procede totalmente la nueva realidad. En él convergen todos los hombres, porque con su muerte ha reunido a quienes estaban dispersos. Embrollos seudoteológicos y reclamos de pertenencia que dañan la unidad son un atentado contra Cristo, antes que contra la concordia de la comunidad.
- Ahora bien, ¿cómo predicar a Jesús? Pablo no lo hace con discursos
de elocuente y penetrante sabiduría. Es posible que Pablo escriba aquí bajo la impresión del reciente «fracaso» de su predicación en el areópago de Atenas. La experiencia ha reforzado su convicción: predicar significa anunciar a Cristo crucificado, el único que nos da la salvación. La Palabra de Dios, sobre todo «la Palabra de la cruz», es en sí misma viva y eficaz (Heb 4, 12), no tiene necesidad de apoyo humano; es más, la sabiduría humana corre el riesgo de oscurecerla, de amortiguar su fuerza cortante.
- Pablo, citando el Antiguo Testamento y usando su arte retórica,
insiste en lo que para él tiene una importancia decisiva. Cristo crucificado es «escándalo» para los judíos, por el hecho de que, por haber sido colgado del madero, era alguien sobre el que recaía la maldición de la Ley (Dt 21, 23), y «locura» para los paganos, en cuanto que a éstos les repugnaba una divinidad que se hubiera dejado crucificar. Ahora bien, precisamente a través de la cruz es como Dios manifiesta su poder. Los cristianos, procedentes tanto del judaísmo como del paganismo, en cuanto «llamados» por Dios a la fe, deben sintonizar con la lógica divina y vivir según la sabiduría de la cruz, y no tanto según la lógica humana.
CLAVES para la VIDA.
- El apóstol Pablo, enamorado de Jesús y del Evangelio, siente
peligrar la unidad de la comunidad. Y ante eso, reacciona con vehemencia. Y es que para él todo está centrado en Cristo; la unidad no puede tener otro eje de unidad que el Señor Jesús. Por eso, es capaz de "rogar" y de "exhortar" a su comunidad para que busquen siempre y por encima de todo esa unidad. Es necesario desearla y trabajarla.
- Pero no es un Jesús cualquiera el que nos ofrece, sino con un rostro
y perfil concreto: CRISTO CRUCIFICADO. Pablo descubre que ahí es donde se manifiesta en plenitud todo el amor y el proyecto de Dios. Por lo tanto, presenta esa "sabiduría", aunque ello suponga rechazo por parte de su mismo pueblo, o suene a "locura" a los paganos, incapaces de figurarse a Dios con este estilo.
- Como siempre, el gran apóstol es muy sugerente para los creyentes
de todos los tiempos, y también para quienes "mamamos" de la espiritualidad de la Pasión. Sintonizar siempre con esa "lógica" de Dios, la de la entrega de la propia vida, es la propuesta-invitación del Crucificado. Que una vez más, y en esta fiesta de un apóstol de la unidad y de la paz, descubramos toda la fuerza de Cristo Crucificado.
EVANGELIO: Juan 17, 18-26
"... Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean
en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado..."
CLAVES para la LECTURA
- En la tercera parte de su «Oración sacerdotal» dilata Jesús el
horizonte. Antes había invocado al Padre por sí mismo y por la comunidad de los discípulos. Ahora su oración se extiende en favor de todos los futuros creyentes (vv. 20-26). Tras una invocación general (v. 20), siguen dos partes bien distintas: la oración por la unidad (vv. 21-23) y la oración por la salvación (vv. 24-26).
- Jesús, después de haber presentado a las personas por las que
pretende orar, le pide al Padre el don de la unidad en la fe y en el amor para todos los creyentes. Esta unidad tiene su origen y está calificada por «lo mismo que» (= kathós), es decir, por la copresencia del Padre y del Hijo, por la vida de unión profunda entre ellos, fundamento y modelo de la comunidad de los creyentes. En este ambiente vital, todos se hacen «uno» en la medida en que acogen a Jesús y creen en su Palabra. Este alto ideal, inspirado en la vida de unión entre las personas divinas, encierra para la comunidad cristiana una vigorosa llamada a la fe y es signo luminoso de la misma misión de Jesús. La unidad entre Jesús y la comunidad cristiana se representa así como una inhabitación: «Yo en ellos y tú en mí» (v. 23a). En Cristo se realiza, por tanto, el perfeccionamiento hacia la unidad.
- A continuación, Jesús manifiesta los últimos deseos en los que
asocia a los discípulos con los creyentes de todas las épocas de la historia, y para los cuales pide el cumplimiento de la promesa ya hecha a los discípulos (v. 24). En la petición final, Jesús vuelve al tema de la gloria, recupera el de la misión, es decir, el tema de hacer conocer al Padre (vv. 25s), y concluye pidiendo que todos sean admitidos en la intimidad del misterio, donde existe desde siempre la comunión de vida en el amor entre el Padre y el Hijo. La unidad con el Padre, fuente del amor, tiene lugar, no obstante, en el creyente por medio de la presencia interior del Espíritu de Jesús.
CLAVES para la VIDA
- La Oración Sacerdotal de Jesús nos alcanza, hoy, a todos nosotros,
porque se expande a través de los tiempos y lugares. Y es que su misión no se cierra en las estrechas fronteras del judaísmo, ni en su entorno más inmediato. Sale fuera, llega a todos los rincones. Puesto que el secreto de todo está en la UNIDAD que esos seguidores vivan con el mismo Jesús: "que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy" (v. 24). Es así como podremos captar la gloria del Padre que reside en el mismo Jesús.
- De nuevo, Jesús insiste en que "les he dado a conocer quién
eras..." (v. 26): ésta es la Misión que marca su vida, a la que dedica todas sus energías y su entrega. En la medida en que sus discípulos entiendan el secreto de esta unión entre el Padre y Jesús, estarán en disposición de anunciar al mundo el regalo del amor de Dios, como lo ha hecho el mismo Jesús. Es su tarea.
- Y es nuestra TAREA porque participamos de su misma misión.
Trabajar y construir la unidad es el deseo y la plegaria que dirige al Padre a favor nuestro. Y ésta es la encomienda que nos deja para que... "el mundo crea". ¡Nos queda campo de trabajo...! Todos los empeños serán pocos, pero todos serán necesarios. |