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- Fiestas propias -
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Conmemoración de los
RELIGIOSOS y RELIGIOSAS Difuntos
de la FAMILIA PASIONISTA |
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La Iglesia, desde sus orígenes, desarrolló con gran piedad la memoria de los difuntos
(LG 50). Nuestro Fundador siguiendo este ejemplo, manifestó una atención muy especial para los religiosos difuntos. En las Reglas prescribía, entre otras cosas: «Exhortamos también a todos los hermanos de la Congregación a que, en alivio de los difuntos, hagan de buen grado cuantas obras de piedad pudieren». Y las Constituciones prescriben: «Recordemos con afecto y agradecimiento a los hermanos difuntos, ofreciendo por ellos, fiel y caritativamente, los sufragios prescritos por la Autoridad General o Provincial» (Const. 31).
La realidad de la muerte es un estímulo para la Familia Pasionista, para vivir la
exhortación paulina: «Quiero conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). |
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2.- ORACIÓN COLECTA
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Padre de misericordia,
concede el perdón de los pecados
a nuestros hermanos y hermanas difuntos
que vivieron unidos a nosotros
en el seguimiento del mismo carisma,
para que, así como se esforzaron
por conformarse a Cristo crucificado,
participando con Él en tu gloria,
también te alaben eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo. AMÉN
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PRIMERA LECTURA: Romanos 14, 7-9. 10c-12
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos,
vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
Todos compareceremos ante el tribunal de Dios, porque está escrito: «Por mi vida, dice
el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, a mí me alabará toda lengua». Por eso, cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo.
Salmo responsorial: Sal 102, 8. 10. 13-18
R/. El Señor es compasivo y misericordioso
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R./
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R./
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como la flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla. R./
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos. R./
Aleluya
"Si morimos con Cristo, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él".
(2 Tm 2, 11-12)
EVANGELIO: Juan 6, 37-40
"El que cree en el Hijo tiene vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día"
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- «Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera,
porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino
que lo resucite en el último día. Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». |
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Oremos hermanos a Dios nuestro Padre, que resucitó a Jesucristo de entre los
muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales.
1.- Para que quienes han compartido con nosotros un mismo carisma alcancen el reino de
Dios que testimoniaron a lo largo de su vida. ROGUEMOS AL SEÑOR
2.- Para que nunca falten en la Iglesia hombres y mujeres que anuncien con su vida y
testimonio el evangelio de la pasión. ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Para que el Señor mire con bondad a la Familia Pasionista, nos permita fortalecer el
vínculo de la caridad fraterna y la fidelidad a la vocación recibida. ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Para que así como envió el Señor un ángel para confortar a su Hijo en la agonía de
Getsemaní, nos consuele también a nosotros en la hora de nuestra muerte, con la esperanza de encontramos con él. ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Para que libre de todo mal y admita en su presencia a todos nuestros familiares y
bienhechores difuntos. ROGUEMOS AL SEÑOR
ORACIÓN: Escucha, Señor, nuestras plegarias, para que fundando nuestra fe en la
resurrección de tu Hijo, se afirme nuestra esperanza en la resurrección a una vida nueva, por siempre gloriosa. Por Jesucristo nuestro Señor. |
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5.- ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
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Señor, Padre nuestro,
por amor de tu único Hijo,
que se ofreció a ti como víctima pura,
acoge el sacrificio de tu Iglesia por tus siervos difuntos,
fieles seguidores en la tierra de Cristo crucificado:
que por la virtud expiatoria de este sacrificio
merezcan alcanzar el premio de la inmortalidad.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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6.- PREFACIO
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V./ El Señor esté con vosotros.
R./ Y con tu espíritu.
V./ Levantemos el corazón.
R./ Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V./ Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R./ Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias
y deber nuestro glorificarte,
Padre santo.
Porque si el morir se debe al hombre,
el ser llamados a la vida con Cristo
es obra gratuita de tu amor,
ya que, habiendo muerto por el pecado,
hemos sido redimidos por la victoria de tu Hijo.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo,
así nosotros te proclamamos en la tierra,
diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
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PRIMERA LECTURA: Romanos 14, 7-9. 10c-12
"... Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos,
vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos... Cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo..."
CLAVES para la LECTURA
- «Así pues, tanto si vivimos como si morimos, somos del Señor» (v. 8): la vida nueva del
cristiano brota de un sentido de pertenencia (también, 1 Cor 3, 23), de la decisión de estar de parte de Cristo, acogido como Señor de nuestros propios días. En los pasajes de Is 45, 23 y 49, 18 leemos el reconocimiento del señorío de Dios, que se extiende a todo el universo: un señorío de misericordia y escucha, al que el pueblo de Israel gozaba con volver.
- La necesidad de dar cuentas ante el «tribunal de Dios» se convierte así en una invitación a
mirar con ojos profundos nuestra propia existencia, reorientándola en virtud de una pasión (vivir para el Señor, morir para el Señor: v. 8), que es lo único que le puede dar sentido. La calidad de una vida que se desarrolla enteramente ante el Señor induce, por consiguiente, a superar el prejuicio mediante la acogida de la diversidad y de la debilidad. La modalidad más profunda de hospitalidad (Rom 12, 13) es la acogida del otro (14, 1; 15, 7). El prójimo es hermano.
- De la pertenencia a Cristo Señor, de la conciencia de que con su muerte y resurrección ha
rescatado nuestra vida del absurdo, a la pertenencia cultivada en la vida de un modo cada vez más totalizador: ninguna vida puede encerrarse y replegarse en sí misma, sino que -en un clima de respeto a los caminos personales- cada uno de nosotros está llamado a abrirse a unas relaciones de caridad de las que Cristo mismo es fuente en última instancia.
CLAVES para la VIDA.
- Seguimos en un contexto de la vida de comunidad donde se producen fricciones debido a
las distintas maneras de pensar entre los miembros de la misma. Aquí viene la lección del apóstol: tolerancia en las cosas sin mayor trascendencia y, sobre todo, tener clara la referencia en lo que sí es importante: "si vivimos, vivimos para el Señor, en la vida y en la muerte, somos del Señor" (v. 8). Ésta es la clave acertada para la convivencia.
- Y es que en el seguidor de Jesús se crea un nuevo sentido de PERTENENCIA: estar de
parte de Cristo, acogiéndole como el Señor de nuestra existencia, conlleva a un nuevo estilo de ser y de vivir, donde todo se percibe y se valora desde la "referencia", que es el mismo Señor Jesús. Desde aquí es posible superar cualquier tentación de erigirse en "juez" del hermano, que tantas veces dificulta y complica la convivencia.
- Este gran testigo de Jesús, que es Pablo, una vez más, me propone distinguir entre lo
accidental y lo substancial. Y me llama a vivir desde lo esencial, desde la nueva vida que se me da desde mi pertenencia a Cristo Jesús, una pertenencia cultivada, trabajada día a día, dejándome iluminar y forjarme en el contacto personal con él, con sus proyectos, con su Palabra. ¡Ahí es nada...! ¡Toda una invitación!
EVANGELIO: Juan 6, 37-40
"Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y el que venga a mí, no lo echaré fuera;
porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado..."
CLAVES para la LECTURA
- La muchedumbre ha visto y escuchado la Palabra de Jesús en el fragmento precedente,
pero no ha reconocido en él al Hijo de Dios bajado del cielo, como el maná del desierto. Entonces denuncia Jesús, con amargura, esta difundida incredulidad de los judíos (v. 36), a pesar de que la iniciativa amorosa del Padre se sirva de la obra del Hijo para darles la salvación y la vida (Jn 3, 14s; 4, 14. 50; 5, 21. 25s).
- La Iglesia primitiva era consciente de este conflicto con la Sinagoga y, a través del
evangelista, expresa su profundo vínculo con el Maestro, subrayando que el designio de Dios se realiza mediante la acogida que todo creyente reserva a Jesús. Él ha tomado carne humana no para hacer su propia voluntad, sino la de aquel que le ha enviado. El plan de Dios es un plan de salvación, y el Padre, confiándolo al Hijo, proclama que los hombres se salvan en Jesús, sin que se pierda ninguno.
- Más aún, aquellos que han sido confiados por el Padre al Hijo, quiere que los "resucite en
el último día" (v. 39). La expresión "último día" tiene un significado preciso en Juan: es el día en que termina la creación del hombre y tiene lugar la muerte de Jesús, es el día del triunfo final del Hijo sobre la muerte; en él, todos podrán probar "el agua del Espíritu" que será entregada a la humanidad. En ese día, Jesús dará cumplimiento a su misión mediante la resurrección y dará la vida definitiva. Esta última tiene su comienzo aquí en la fe, y su plena realización en la resurrección al final de los tiempos. Los que crean en Jesús, Hijo de Dios, no experimentarán la muerte, sino que disfrutarán de una vida inmortal.
CLAVES para la VIDA
- Ésta es la historia de la humanidad a través de los tiempos: busca algo que le sacie su
hambre. Aquí se nos ofrece este discurso-catequesis sobre el Pan de Vida, que parte de la iniciativa amorosa del Padre y que se realiza en Jesús y en su obra. Aquí, el evangelista nos lanza hacia la acogida plena y confiada del Maestro, como él mismo ha asumido plena y totalmente la voluntad del Padre. Ahí radica el secreto de toda la vida de Jesús y, cómo no, de su propuesta.
- Y es que esta acogida conlleva la plenitud, la "vida eterna", la que el mismo Jesús da a
quienes le acogen en sus vidas; Él es el que sacia el hambre que anida en el corazón humano. Por lo tanto, a una humanidad hambrienta, Dios le envía su Hijo como el verdadero Pan que le saciará.
- Abrirme cada día a aquel que puede saciar mi hambre de vida y de plenitud, acogerle con
plena confianza y significarlo en el pan Eucarístico, es el camino que nos está indicando el "discípulo amado" como el que va a producir en nosotros esos frutos deseados; así le entiende él a Jesús y todo eso está expresado en ese "pan de la Vida". Por lo tanto, es mucho más que comulgar o dejar de comulgar. |
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7.- ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
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Señor, que nos has confortado con el pan de vida eterna,
concede a nuestros hermanos y hermanas difuntos
que compartieron con nosotros el recuerdo de la pasión de tu Hijo,
verse liberados de toda culpa,
para gozar junto a ti de la gloria eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.
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