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Alimentados con el pan de vida,
te pedimos suplicantes, Padre misericordioso,
que por la eficacia de la oración de Cristo tu Hijo
consigamos la fortaleza necesaria para perseverar siempre
celosos en el apostolado y llenos de ardor en la caridad.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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V./ El Señor esté con vosotros.
R./ Y con tu espíritu.
V./ Levantemos el corazón.
R./ Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V./ Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R./ Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque, en tu gran misericordia,
has amado tanto a los hombres
que nos enviaste como Redentor a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.
Él, ofreciéndose a ti como víctima inocente,
aceptó la pasión y muerte de cruz por nosotros, pecadores,
y entregándose a una injusta condena,
expió la pena debida por nuestros pecados.
Con su muerte, lavó nuestras culpas
y, con su resurrección, nos mereció la salvación.
A él, el cielo y la tierra,
los ángeles y los arcángeles,
dedican el himno de sus alabanzas.
Santo, Santo, Santo...
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- Fiestas propias -
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La Oración de Jesús en el Huerto
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La liturgia de la Oración de Jesús en el huerto de Getsemaní fue compuesta
alrededor del año 1775. En nuestra Congregación fue introducida en 1828. En esta memoria Jesús es presentado como ejemplo y fuente de nuestra oración, para resistir al maligno y, sobre todo, para cumplir, incluso con heroísmo, la voluntad del Padre.
El misterio de la pasión de Cristo, como «causa de salvación eterna»
(Hb 5, 9), y ofrenda al Padre como mediador: «A gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas» (Hb 5, 7), y como sacrificio: «Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre» (Lc 22, 44), son los dos caminos que Jesucristo nos ofrece para asociarnos a Él en la redención del mundo. |
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PRIMERA LECTURA: Hebreos 5, 1-9
"Jesús presentó oraciones y súplicas"
Hermanos:
Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para
representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón.
Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote,
sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec».
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó
oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Salmo responsorial: Sal 16, 1. 6-7. 8. 15
R/. Padre, que no se haga mi voluntad,
sino la tuya.
Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.
Aleluya
Velad y orad para no caer en la tentación;
el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
Mc 14, 38
EVANGELIO: Lucas 26, 39-46
"Orad para no caer en la tentación"
Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los
discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:
- «Orad, para no caer en la tentación».
Él se arrancó de ellos, alejándose como aun tiro de piedra, y arrodillado,
oraba, diciendo:
- «Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz; pero que no se haga mi
voluntad, sino la tuya».
Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su
angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
- «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación».
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Imploremos, hermanos, a Jesús, el Sumo Sacerdote de la
fe que profesamos, que en el huerto de Getsemaní presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los hombres:
1.- Para que el Redentor del mundo, que se ofreció a la muerte por su
rebaño, libre a la Iglesia de todo mal. ROGUEMOS AL SEÑOR.
2.- Para que el Redentor del mundo, que oró a gritos y con lágrimas en la
cruz, interceda ante el Padre por todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR.
3.- Para que el Redentor del mundo, que experimentó en la cruz la angustia
y la tristeza, venga en auxilio de los que se sienten agobiados por las propias culpas y les infunda confianza en su perdón. ROGUEMOS AL SEÑOR.
4.- Para que el Redentor del mundo, que anduvo los caminos de la pasión
y de la cruz, conceda a su pueblo el don de la oración y la fuerza necesaria para vencer al maligno y cumplir la voluntad del Padre. ROGUEMOS AL SEÑOR.
5.- Para que el Redentor del mundo, a nosotros, sus siervos, que
recordamos con veneración su cruz, nos reanime con la fuerza de su resurrección. ROGUEMOS AL SEÑOR.
ORACIÓN: Que llegue a tu presencia, Padre, la oración de
los que te invocan, y ya que, en la pasión de tu Hijo, nos has manifestado tu amor, haz que también lo experimentemos al ver escuchadas nuestras oraciones. Por Jesucristo nuestro Señor. |
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PRIMERA LECTURA: Hebreos 5, 1-9
"... Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a
la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamado por Dios Sumo Sacerdote, según el rito de Melquisedec".
CLAVES para la LECTURA
- El pasaje cuya lectura se nos propone hoy está construido con un gran
esmero. En primer lugar, señala las características del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. De él sabemos que estaba llamado a intervenir a favor de los hombres en sus relaciones con Dios (v. 1); los comprende profundamente porque es uno de ellos (v. 2); debe recibir este encargo de parte de Dios.
- A continuación, empezando por la última y ascendiendo hasta la primera,
aplica el autor estas características a Jesús, mostrando que él es verdaderamente el único y sumo sacerdote. En cuanto elegido por Dios, es también el Hijo, depositario de un sacerdocio que dura para siempre; es misericordioso con los hombres hasta el punto de ofrecer, aunque no tenía pecado, no sacrificios externos, sino a sí mismo, abriendo así el camino a todos los hombres a la salvación eterna.
- Nos encontramos en el punto central de la carta a los Hebreos, que nos
muestra a Cristo en el momento en que ofrece al Padre su voluntad de compartir el sufrimiento humano hasta la muerte en la cruz. Cristo, con "oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas" (v. 7a), presentó su ofrenda y agradó al Padre por su respetuosa sumisión a su divina voluntad. Así alcanzó "la perfección" (v. 9) y pudo obtener la salvación para todos los que acogen su Palabra.
CLAVES para la VIDA.
- El autor de la carta a los Hebreos nos invita a fijar nuestra mirada y
corazón en Jesús: Él es el sumo Sacerdote que, verdaderamente, puede sentir justa compasión por nosotros, dado que pagó "con grandes gritos y lágrimas" su solidaridad con nosotros y "aprendió a obedecer a través del sufrimiento". Ahora permanece en presencia del Padre como memorial santo y agradable. Así, se nos ha abierto, por fin, el camino para acceder al corazón del Padre, con la certeza de que seremos escuchados más allá de nuestro deseo.
- Pero no sólo eso; además de representarnos ante Dios, es también
presencia viva de Dios en medio de los hombres, es el Esposo que nos hace sentir a cada uno de nosotros en el banquete de alegría y de fiesta, donde no está permitido ayunar, porque ahora está con nosotros para siempre, hasta el final de los días.
- Estamos, por tanto, ante una palabra que nos afecta profundamente y
constituye un verdadero "evangelio", la Buena Noticia que esperábamos. Nuestra ignorancia y nuestro error -nuestro extravío- han encontrado al final a alguien que está en condiciones de darle un nombre y cambiarlos, con la certeza de que nada de cuanto es nuestro carece de valor. Dios nos ama, Dios me ama: ésta es la gran revelación de Jesús; sus palabras y sus acciones, su forma de estar y mirar, su ... todo hablan de esta nueva realidad. Es el SACERDOTE a favor de sus hermanos. ¡Casi nada!
EVANGELIO: Lucas 26, 39-46
"Padre si quieres aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad,
sino la tuya... En medio de la angustia, oraba con más insistencia..."
CLAVES para la LECTURA
- Ha terminado el banquete en el cual se han cantado versos de júbilo. En el
último salmo (118) han pronunciado también estas frases: "me rodeaban cerrando el cerco... como abejas... empujaban para derribarme... la piedra que desecharon los arquitectos...". La oración que sigue y su ambiente es muy diverso.
- El lugar era habitualmente frecuentado por Jesús (v. 39s); Jesús no se
oculta para evitar el prendimiento. Incluso invita a sus discípulos a renunciar a su proyecto mesiánico, a sus ideas ("la tentación", v. 40) y la petición a Dios con el fin de que les haga comprender su designio de salvación. Lucas recalca la oración de Jesús en los momentos decisivos de su vida: 3, 21; 5, 16; 6, 12; 9, 18.
- Como Jesús pone el designio del Padre por encima de cualquier designio
propio (v. 42), también sus discípulos deberían de aceptar el destino del Hijo de Hombre, incluso renunciando a la idea del Mesías que se habían forjado. El "cáliz" está en conexión con la copa de la Eucaristía de la cena (Lc 22, 17s). Ésta es la copa que el Padre le ofrecía y que los Doce debían repartir entre ellos. Pero los suyos "duermen" (v. 45), es el abandono; se prepara la defección.
CLAVES para la VIDA
- Llega el momento decisivo y Jesús no rehuye ésa "su hora"; el momento
definitivo de fidelidad al proyecto del Padre y de sus caminos para llevar a cabo su plan de salvación, por muy duros que resulten. Y es que además de las "exigencias" del Padre, en estos momentos, Jesús siente la enorme soledad y el abandono de los suyos, que "duermen"; esto es, su idea mesiánica no coincide con los planes de Dios y que Jesús sí los acepta; los discípulos, no.
- El dramatismo del momento lo refleja el evangelista con una crudeza
especial, hasta el punto de "sudar gotas de sangre", como signo de la angustia, de la dureza de la lucha interior que Jesús vive en este momento decisivo. Y es que a pesar del "silencio" del Padre, a pesar del abandono de los suyos, Jesús se abre a los designios y planes de Dios. ¡Vale...!
- Toda una ESCUELA para el seguidor de este Jesús, porque aquí no se
está "jugando al escondite", sino que se afronta el camino de la fidelidad y de la entrega. Como nos ha recordado la carta a los Hebreos: "aprendió, sufriendo, a obedecer": éste es el camino y no es nada fácil; lo descubrimos incluso en los que han compartido tantas cosas con el mismo Jesús: su grupo, sus discípulos. La "tentación" está siempre presente: cuesta aceptar los proyectos de Dios y renunciar a mis propios planes. ¡Es la ESCUELA! |
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2.- ORACIÓN COLECTA
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Padre misericordioso,
que has escuchado las súplicas de tu Hijo
en el día de su tribulación,
enséñanos,
en medio de las pruebas y tentaciones de la vida,
a contemplarlo orante en el huerto
y paciente hasta la muerte,
para que,
conformándonos siempre con tu voluntad en este mundo,
esperemos el cumplimiento de las maravillas de tu amor.
Por nuestro Señor Jesucristo. AMÉN
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5.- ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
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Concédenos, Señor, por los méritos de este sacrificio,
que, formados en tus divinas enseñanzas,
nos dediquemos con tanta eficacia a la oración,
que vivamos siempre vigilantes y libres de pecado.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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6.- PREFACIO
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7.- ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
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